Terapia para el autismo: efectiva, pero poco habitual
(Por Laurie
Tarkan, 22-10-02, The New York Times – Traducido por FIPA)
Nadie ha
encontrado una cura para el autismo, un trastorno neurológico que tiene
consecuencias de por vida en la capacidad del niño para hablar, responder a
otros, compartir afecto y aprender.
Pero existe un consenso cada vez mayor en que la intervención temprana
intensiva es tanto efectiva como esencial – cuanto antes se inicie después del
diagnóstico, mejor.
La
intervención temprana, que comporta muchas horas de terapia con uno o más
especialistas, no ayuda a todos los niños autistas en el mismo grado.
Idealmente debe iniciarse no más allá de los 2 o 3 años, y por razones que no
son del todo claras, hay algunos niños que no se benefician de ella. Pero para
aquellos que sí se benefician, sus padres dicen, los cambios con milagrosos.
Sin
embargo el éxito de la intervención temprana pone a los colegios y las familias
en una situación muy difícil – situación agravada por el enorme aumento en el
diagnóstico del autismo. La semana pasada, unos investigadores reportaron que
el número de niños autistas en California había aumentado seis veces desde
1987, y otros estados y el gobierno federal también han notado incrementos
sustanciales.
De
acuerdo a la ley federal (de los Estados Unidos), las escuelas públicas deben
brindar educación apropiada a los niños con disminuciones a partir de los 3
años. Pero el tratamiento es tan costoso – en promedio unos $33.000 anuales, de
acuerdo a una investigación publicada en la revista científica Intervención
Conductual – que muchas familias no
pueden convencer al distrito escolar al que pertenecen que les pague la
terapia.
Brian y
Juliana Jaynes de Newport News, Virginia, pueden atestiguarlo. De bebé, su hijo
Stefan, se desarrolló normalmente, incluso tal vez, más rápidamente que otros
niños. Cuando tenía 2 años, su vocabulario constaba de más de 100 palabras.
Sabía su dirección y los colores, y hablaba en frases cortas. Pero poco después
de su segundo cumpleaños, empezó una regresión, olvidando las palabras que
había aprendido.
Sus
padres sospecharon de un trastorno neurológico. Un especialista confirmó sus
sospechas, informándoles que Stefan era severamente autista y recomendándoles
que iniciaran una terapia intensiva.
En
cambio, las autoridades escolares ubicaron a Stefan en una escuela pre-escolar
de educación especial, donde según sus padres, el niño inició una regresión
rápidamente. (El distrito escolar sostiene que la ubicación del niño fue la apropiada).
Cuando el neurólogo dijo a la pareja que su hijo podría ser institucionalizado,
lo retiraron de esa escuela e iniciaron 40 horas semanales de terapia
conductual en su casa.
Les
costó más de $100.000 durante más de tres años. Hoy, Stefan, que tiene 11 años,
asiste a una escuela para niños autistas y ha mejorado notablemente su
lenguaje, y sus habilidades sociales y de autonomía personal. Es capaz de decir
algunas frases simples y comunicar sus necesidades; tal vez, lo más importante,
es que pasa cada vez más tiempo interactuando con su familia, y menos tiempo en
su propio mundo. La terapia conductual,
según su padre, “ha provocado un despertar en la personalidad de este niño, que
es realmente un milagro”
En años
recientes, cuatro instituciones de primera línea – la Academia Americana de
Pediatría, la Academia Americana de Psiquiatría Infanto-Juvenil, el Cirujano
General y la Academia Nacional de Ciencias – han resaltado la importancia de la
intervención temprana, incluyendo la terapia individualizada, para los niños
con autismo. Un panel de expertos convocados por la Academia Nacional de
Ciencias el año pasado, ha recomendado un mínimo de 25 horas semanales, 12
meses al año.
Pero la
Dra. Catherine Lord, presidenta de ese panel, y que es profesora de psicología
en la Universidad de Michigan, estima que menos del 10% de los niños con
autismo reciben el nivel adecuado de terapia.
“Casi en todos los sitios, las escuelas dicen que los niños sí reciben
servicios”, dijo. “Pero existe una enorme variabilidad en los servicios que
reciben los niños”
Dado que
el sistema nervioso joven tiene una gran plasticidad, muchos expertos creen que
la intervención temprana enriquece el crecimiento neural.
El Dr.
David L. Holmes, presidente del Instituto Eden, un centro de autismo en
Princeton, sostuvo “Si tienes un niño con autismo que no tiene las conexiones
correctas, y permitimos que eso continúe sin intervención, esas
neuro-conexiones se volverán rígidas, lo que hace que luego sea mucho más
difícil corregirlas”
Los
niños autistas no tienen la habilidad de aprender por observación, algo que el
resto de los niños realiza constantemente. La terapia conductual está orientada
a enseñar a estos niños cómo aprender. Enseñarle a un niño con autismo a
saludar con la mano, por ejemplo, puede tomar 40 horas de lecciones repetidas.