(Por Marisol Guisasola, 8/14 Marzo 2003,
Revista Mujer de Hoy)
Mientras se discuten sus causas, los mejores
consejos para tratar este problema son el diagnóstico y el tratamiento precoz.
Existen varias certezas en torno al autismo: afecta cuatro veces más a chicos que a chicas, se manifiesta antes de los 30 meses de vida, la actitud de los padres nada tiene que ver con su aparición y, tras 50 años de estudio, aún no se conocen las causas concretas que lo provocan. Este desconocimiento es, precisamente, el que está generando un intenso debate en torno a este problema infantil.
En
busca del tratamiento
Intervención temprana y formación de los
propios padres son los dos consejos que más repiten los especialistas. “La
terapia conductual individualizada es esencial”, señala Clara Rodes, de la
Fundación para la Intervención Temprana del Autismo (FIPA, www.fipa.es).
Esto supone:
1. Dar instrucciones claras a los niños
2. Estimular conductas concretas y dar muestras de aprecio por las deseables.
3. Aumentar gradualmente la complejidad de las tareas
4. Enseñar a distinguir los momentos adecuados para conductas
aprendidas
La medicación se reserva para síntomas
concretos, como ataques epilépticos, hiperactividad, autolesiones... Aunque no
hay dos niños autistas con los mismos síntomas, éstos suelen incluir
dificultades de lenguaje, incapacidad para relacionarse con los demás, aversión
a cambios, obsesión por temas concretos...
¿Tiene que ver la vacuna triple vírica (contra el sarampión, la rubéola y las paperas) con el sorprendente aumento en el número de casos que se observa en Occidente? Aunque muchos padres insisten en la relación, ningún estudio a gran escala parece confirmarla. Sin embargo, se ha planteado un debate al respecto.
La última
investigación realizada (un estudio danés recién aparecido en la revista “New
England Journal of Medicine” y que ha revisado la incidencia de autismo en más
de medio millón de niños) concluye que “los niños vacunados no tienen mayor
riesgo que los no vacunados”. Mientras
tanto, la polémica prosigue con tal virulencia que se han creado dos claros
bandos, a favor y en contra de esta teoría.
Como señala
Barbara Loe Fisher, presidenta del Centro de Información sobre Vacunas de
Estados Unidos, cuyo hijo desarrolló síntomas neurológicos (aunque no autismo)
tras recibir la vacuna triple, “los daneses han movido muchos papeles y nos
dicen: “No os preocupéis más del tema”, pero si buscamos ser científicamente
correctos, hay que estudiar a nivel celular e investigar los efectos de la
vacuna en el sistema inmunitario y el cerebro”.
¿Qué causas sí ha
relacionado la ciencia con el autismo? Entre las razones físicas se citan
anomalías genéticas – algunas de ellas coincidentes con el síndrome de atención
con hiperactividad (SAH) -, infecciones víricas, (en especial, que la madre
contraiga rubéola durante el primer trimestre del embarazo), traumas...
Recientemente,
neurólogos y psiquiatras en autismo de la Universidad de California (Estados
Unidos), que desestiman la teoría de las vacunas, negaban la oficial de que “el
aumento de casos tiene que ver con una mayor conciencia pública y mejora en el
diagnóstico. En California y otras zonas de Estados Unidos y Europa, los casos
se han triplicado en la última década, y ese aumento no puede ser explicado por
la genética, los daños en el parto, o los cambios en el diagnóstico”,
concluían.